El asalto de 40 terroristas islámicos contra un campo de gas en Argelia ha sido una pesadilla en cámara lenta cuyas secuelas resultan cada vez más lamentables. La opinión pública mundial no acaba de horrorizarse con las noticias sobre esta sangrienta aventura, que empezó el miércoles pasado con la acometida del grupo terrorista y aún sorprende con hechos inesperados, después de dos bombardeos reactivos y masivos del ejército argelino.
El último capítulo fue la alocución televisada del primer ministro, Abdelmalek Sellal, quien reveló ayer que el número de muertos era aún mayor que lo informado inicialmente.
La cuenta más alarmante son los rehenes muertos, muchos de ellos directamente a manos de los terroristas mediante el cruel expediente del tiro en la cabeza, y otros durante los bombardeos ordenados por el gobierno de Argel. Hasta ayer se pensaba que eran 23, pero el Primer Ministro señaló que perecieron 37 rehenes procedentes de ocho países. Los técnicos extranjeros, reunidos en el campo de la British Petroleum para una ocasión especial, fueron blanco principal de los asesinos. Mientras los terroristas permitían la salida de los trabajadores locales y les explicaban que su propósito era religioso, a los rehenes les ataban explosivos y los utilizaban como escudos humanos.
Uno de los muertos fue, lamentablemente, el ingeniero colombiano Carlos Estrada, funcionario de la BP, a quien el destino situó esa semana en la planta de Argelia. Murieron además, entre otros, seis filipinos, siete japoneses, posiblemente diez norteamericanos y seis británicos. El elevado saldo aún podría aumentar, pues hay cinco rehenes desaparecidos. El grupo terrorista era también una organización internacional. Según el gobierno argelino, había canadienses, egipcios, malienses, nigerinos, mauritanos y tunecinos. Mojtar Belmojtar, su cabecilla, fue parte de Al Qaeda y montó luego su propia facción; hoy es uno de los criminales más buscados del mundo.
La guerra civil de Mali, que enfrenta a una coalición rebelde con el Gobierno, se ha ampliado súbitamente y está convertida en un escenario internacional, tras el envío de tropas francesas en apoyo del gobierno de su antigua colonia. África es ahora territorio candente de la lucha antiterrorista. Resulta difícil saber qué le espera.
El último capítulo fue la alocución televisada del primer ministro, Abdelmalek Sellal, quien reveló ayer que el número de muertos era aún mayor que lo informado inicialmente.
La cuenta más alarmante son los rehenes muertos, muchos de ellos directamente a manos de los terroristas mediante el cruel expediente del tiro en la cabeza, y otros durante los bombardeos ordenados por el gobierno de Argel. Hasta ayer se pensaba que eran 23, pero el Primer Ministro señaló que perecieron 37 rehenes procedentes de ocho países. Los técnicos extranjeros, reunidos en el campo de la British Petroleum para una ocasión especial, fueron blanco principal de los asesinos. Mientras los terroristas permitían la salida de los trabajadores locales y les explicaban que su propósito era religioso, a los rehenes les ataban explosivos y los utilizaban como escudos humanos.
Uno de los muertos fue, lamentablemente, el ingeniero colombiano Carlos Estrada, funcionario de la BP, a quien el destino situó esa semana en la planta de Argelia. Murieron además, entre otros, seis filipinos, siete japoneses, posiblemente diez norteamericanos y seis británicos. El elevado saldo aún podría aumentar, pues hay cinco rehenes desaparecidos. El grupo terrorista era también una organización internacional. Según el gobierno argelino, había canadienses, egipcios, malienses, nigerinos, mauritanos y tunecinos. Mojtar Belmojtar, su cabecilla, fue parte de Al Qaeda y montó luego su propia facción; hoy es uno de los criminales más buscados del mundo.
La guerra civil de Mali, que enfrenta a una coalición rebelde con el Gobierno, se ha ampliado súbitamente y está convertida en un escenario internacional, tras el envío de tropas francesas en apoyo del gobierno de su antigua colonia. África es ahora territorio candente de la lucha antiterrorista. Resulta difícil saber qué le espera.